
El iPhone 17 Pro Max fue al espacio: así pasó la certificación de la NASA para volar en Artemis II
El iPhone 17 Pro Max se convirtió así en el primer smartphone comercial homologado oficialmente por la NASA para una misión lunar tripulada. Pero llegar hasta ahí no fue sencillo: el dispositivo tuvo que demostrar que no representaba una amenaza para la tripulación, los sistemas de la nave o la integridad de la misión.
«El proceso es bastante complejo y largo. No se trata simplemente de llevar un teléfono al espacio.»
— Tobias Niederwieser, BioServe Space Technologies, Universidad de Colorado
Las cuatro fases del protocolo NASA
Según explicó Tobias Niederwieser, investigador de BioServe Space Technologies —institución que pasó por procesos similares para sus cargas útiles en Artemis I—, la NASA aplica un protocolo estructurado en cuatro etapas a cualquier hardware que quiera volar en una misión tripulada.
- Presentación ante el comité: el dispositivo se presenta ante un comité especializado de la NASA. Se realiza una primera revisión del hardware, sus especificaciones técnicas, materiales y comportamiento esperado en condiciones espaciales.
- Identificación de peligros: el comité cataloga todos los riesgos potenciales: piezas móviles, materiales frágiles como el vidrio, interferencias electromagnéticas con los sistemas de la nave, comportamiento de la batería en microgravedad y posibles fallos bajo radiación intensa.
- Plan de mitigación: para cada riesgo identificado se diseña una medida específica. En el caso del iPhone, esto incluyó la desactivación de conectividad y el uso de velcro para evitar que flotara.
- Verificación empírica: se demuestra que el plan de mitigación funciona. Las pruebas replican condiciones espaciales: cambios de presión, microgravedad simulada, exposición a radiación y escenarios de fallo controlados.
El problema del vidrio en microgravedad
Uno de los riesgos que más preocupó a los ingenieros de la NASA fue la posibilidad de que la pantalla del iPhone se fracturara durante el vuelo. En la Tierra, los fragmentos de vidrio caen al suelo y el usuario puede protegerse con el calzado. En órbita, las esquirlas flotan libremente y pueden alcanzar los ojos de un astronauta o introducirse en los mecanismos de equipos críticos.
El Ceramic Shield 2 del iPhone 17 Pro Max —el material de protección que Apple incorpora en ambas caras del dispositivo— jugó a favor del teléfono durante este análisis. La NASA evaluó específicamente su resistencia a impactos y su comportamiento ante cambios bruscos de presión atmosférica, considerando que la cápsula Orión opera con sistemas de presurización que pueden generar variaciones rápidas.
«En microgravedad, cualquier fragmento suelto —vidrio, una tapa de bolígrafo, un tornillo— puede convertirse en un proyectil.»
— Niederwieser, sobre los criterios de evaluación de hardware espacial
Las restricciones de ciberseguridad
La parte más relevante desde el punto de vista de la seguridad digital es el conjunto de limitaciones que la NASA impuso sobre el funcionamiento del dispositivo. Los cuatro iPhone 17 Pro Max que viajaron a bordo de Orión operan bajo un perfil de uso radicalmente recortado respecto al de un teléfono convencional.
- Conectividad WiFi, Bluetooth y datos móviles completamente desactivados.
- Sin acceso a App Store ni posibilidad de instalar software no autorizado.
- Acceso físico controlado: solo la tripulación asignada puede operar cada dispositivo.
- Uso limitado a documentación visual y registro de datos de misión.
Este conjunto de restricciones convierte al iPhone en un dispositivo de documentación de uso cerrado: sin capacidad de comunicarse con redes externas y con acceso físico controlado. En la práctica, funciona como una cámara de alta gama con sistema operativo iOS.
El ecosistema visual completo de Artemis II
Los cuatro iPhone no viajan solos. La NASA ha configurado para Artemis II un sistema híbrido de documentación visual que combina la inmediatez del smartphone con la robustez de equipos certificados hace años para el entorno espacial.
| Dispositivo | Modelo | Función principal |
|---|---|---|
| iPhone 17 Pro Max (×4) | 2026 — primera certificación NASA | Captura rápida, contenido multimedia, comunicación visual |
| Nikon D5 (×2) | 2016 — uso demostrado en misiones | Fotografía técnica de alta resolución |
| GoPro Hero 11 (×4) | 2022 | Tomas de acción y ángulos amplios en distintos puntos de la nave |
Fue con uno de estos iPhones que el comandante Reid Wiseman fotografió el cráter Chebyshev en la cara oculta de la Luna durante el sobrevuelo del 6 de abril: en microgravedad, sin trípode, con zoom ×8 y con todas las luces de cabina apagadas para reducir reflejos en la ventana. La imagen circuló por todo el mundo en horas.
Un precedente con consecuencias
La aprobación de Apple no fue necesaria —ni se solicitó— para que el iPhone superara la certificación. La NASA realizó el proceso de forma completamente independiente. Apple reconoció públicamente que esta es la primera ocasión en que uno de sus teléfonos recibe la homologación completa para uso extendido en órbita y más allá, pero su participación en el proceso fue nula.
Esto abre un debate relevante: si un smartphone puede superar los mismos criterios que se aplican a hardware científico especializado, ¿qué otros dispositivos cotidianos podrían acompañar a los astronautas en misiones a la Luna o a Marte? Y, sobre todo, ¿qué nuevos vectores de riesgo —técnico, de seguridad, de dependencia de software— trae consigo esa integración?
El incidente con Outlook a 150.000 kilómetros de la Tierra ya ofreció una primera respuesta. La tecnología de consumo en el espacio no es solo una ventaja logística: es también un nuevo perímetro de riesgo que nadie ha terminado de cartografiar todavía.




